Víctor Tenorio
Las recientes decisiones del presidente municipal de Huejotzingo, Roberto Solís, han encendido el malestar entre los comerciantes del tianguis, quienes acusan al edil de intentar desarticular la organización interna del mercado sin ofrecer alternativas claras ni un plan de trabajo responsable.
En los últimos días, Roberto Solís originario de Chiautzingo y no de Huejotzingo, como señalan inconformes, ha endurecido su discurso contra comerciantes establecidos y ambulantes bajo el argumento de “recuperar espacios públicos”. Sin embargo, sus acciones han sido percibidas como un intento de ejercer mayor control sobre el tianguis más grande del municipio.
Una de las medidas más polémicas es su llamado a que los integrantes de la Federación Nacional de Asociaciones Independientes (FENAI) dejen de pagar la cuota simbólica que, desde hace años, permite organizar los espacios dentro del tianguis. Con más de mil afiliados, la ruptura de FENAI significaría la desintegración de casi la mitad del mercado, dejando a los comerciantes totalmente vulnerables ante las decisiones del ayuntamiento.
Fuentes consultadas aseguran que el alcalde no ha presentado ninguna propuesta de reubicación ni un esquema alternativo de ordenamiento. Para los vendedores, esta ausencia de diálogo demuestra que el gobierno municipal no busca mejorar la organización: busca controlarla.
La incertidumbre se agrava por el temor de que el manejo del tianguis quede en manos de grupos externos como la organización 28 de Octubre o colectivos provenientes de San Martín Texmelucan, lo que podría desplazar a los cientos de comerciantes locales que han sostenido el tianguis por décadas.
Los vendedores —en su mayoría habitantes de Huejotzingo que comercializan productos básicos como frutas, verduras y artículos de bazar— consideran injusto que el ayuntamiento pretenda desmantelar su organización sin siquiera explicar cómo podrán seguir trabajando.
Actualmente, los tianguistas pagan 15 pesos cada ocho días al propio ayuntamiento para poder instalarse. Pese a ello, el gobierno de Roberto Solís no ha transparentado cómo pretende reorganizar el tianguis ni qué garantías tendrán los comerciantes para continuar con su actividad.
Para los afectados, estas acciones no representan orden, sino una amenaza directa a su estabilidad económica y a la vida del tianguis más tradicional del municipio.
