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Francisco Ramírez Gómez: el rostro de la corrupción política en Acatzingo

Poradmin

Sep 15, 2025

Carolina Rodríguez

En Acatzingo, Puebla, el nombre de Francisco Ramírez Gómez se ha convertido en sinónimo de corrupción, fraude y abuso de poder. Lejos de representar un liderazgo legítimo, su carrera política es el reflejo más claro de cómo personajes reciclados en el PRI buscan enriquecerse a costa del pueblo, mientras los problemas de la región siguen sin atenderse.

Desde hace años, los habitantes del municipio han visto cómo Ramírez Gómez acumula señalamientos por desvíos de recursos, fraudes millonarios y uso indebido de programas públicos. En 2017, fue demandado por un fraude de 2.2 millones de pesos ligado a la producción de jitomate, un caso que quedó manchado por la opacidad y la impunidad. Ese episodio evidenció el modus operandi de un político que se aprovecha de la confianza de la gente para engordar sus bolsillos.

Pero no es el único manchón en su historial. Hoy se le acusa del robo de agua de pozos en la región y del desvío de recursos en complicidad con “el maestro Issac”, además de haber adquirido de manera irregular dos ranchos en Los Álamos, Apipilco, propiedades que contrastan con la pobreza en la que viven cientos de familias acatzinguenses.

Su cercanía con Alberto Jiménez Merino, exdelegado de la SAGARPA, confirma que Ramírez Gómez es parte de una red de complicidades priistas que han lucrado con el hambre y la necesidad de la gente. Ambos representan el viejo esquema donde los favores y la corrupción pesan más que la capacidad o el servicio público.

Incluso, en su desesperación por mantenerse vigente, Ramírez Gómez intentó brincar a MORENA, pero fue rechazado por la dirigencia, que se negó a abrirle la puerta a un personaje marcado por la corrupción. Un intento fallido de lavarse la cara política que solo evidenció su oportunismo.

La historia de Francisco Ramírez Gómez no es la de un líder, sino la de un oportunista que ha saqueado a Acatzingo mientras la región sigue hundida en el abandono. Su silencio ante las acusaciones no es prudencia, es estrategia: apuesta a que la memoria de la gente se desgaste. Pero en un municipio lastimado por la desigualdad, la inseguridad y la falta de oportunidades, el pueblo no olvida a quienes lo traicionan.

La ciudadanía señala que ya es hora de decirlo claro: Francisco Ramírez Gómez debe ser investigado, procesado y respondérsele a la justicia. Acatzingo no necesita políticos que roben, necesita que los corruptos paguen con cárcel lo que le han quitado al pueblo.

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