Ariana Palacios
La tensión bélica en Oriente Medio podría tener repercusiones deportivas de alcance global. En medio de los recientes bombardeos atribuidos a fuerzas de Estados Unidos y Israel contra objetivos estratégicos en Teherán, así como en Tabriz e Isfahán, la selección nacional de Irán analiza su permanencia en la próxima Copa del Mundo.
Reportes preliminares señalan que las ofensivas aéreas dejaron al menos 201 personas fallecidas, entre ellas civiles, lo que desató condenas en la comunidad internacional y una reacción militar inmediata por parte del gobierno iraní. Desde Washington, el presidente Donald Trump defendió la operación denominada “Furia Épica” y advirtió que no se descartan medidas adicionales, incluido un eventual cambio de régimen.
Por su parte, autoridades israelíes sostuvieron que los ataques buscaron desactivar supuestas amenazas vinculadas con programas nucleares y sistemas de misiles.
En respuesta, Teherán lanzó misiles y drones contra territorio israelí y contra instalaciones militares estadounidenses ubicadas en Qatar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. La escalada obligó al cierre temporal de espacios aéreos y activó protocolos de seguridad en distintos puntos de la región.
En el ámbito deportivo, la Federación Iraní de Fútbol anunció la suspensión indefinida de la Iran Pro League, argumentando riesgos para jugadores, cuerpos técnicos y aficionados, además de complicaciones logísticas derivadas del conflicto.
El escenario también pone en entredicho la participación iraní en la Copa del Mundo, torneo que se disputará mayoritariamente en territorio estadounidense.
De acuerdo con fuentes cercanas al entorno federativo, existe un debate interno sobre la viabilidad de competir en ese país bajo el actual clima diplomático y militar.
Irán tiene programados tres encuentros en sedes estadounidenses: ante Nueva Zelanda el 15 de junio, frente a Bélgica el 21 y contra Egipto el 26 del mismo mes. Más allá del plano deportivo, preocupan aspectos como la seguridad de la delegación, la movilidad internacional y la emisión de visados.
Hasta ahora no se ha formalizado una renuncia, aunque la FIFA se mantiene atenta a la evolución del conflicto y a las posibles implicaciones para el certamen.
