Ariana Palacios
La muerte de Jimena Santa Flores Rivera, alumna de la BUAP que perdió la vida la noche del 30 de septiembre tras ser arrollada por un camión del sistema RUTA en la 11 Sur, desató un ambiente de inconformidad y enojo entre poblanos.
En redes sociales se han multiplicado los mensajes que llaman a manifestaciones y bloqueos contra el transporte articulado, al que vecinos y usuarios acusan de ser inseguro, deficiente y poco vigilado por las autoridades.
Habitantes de colonias como Bosques de San Sebastián aseguran que no sólo se trata de accidentes fatales, sino también de robos frecuentes y maltrato de operadores. Incluso advierten que, de no haber respuestas inmediatas por parte del Gobierno del Estado, podrían retener choferes o prender fuego a unidades como medida de presión.
La molestia ciudadana tampoco es nueva: colectivos vecinales señalan que dentro del RUTA operan bandas de carteristas y asaltantes, conocidas popularmente como “Las Rubin” y “Los Gemelos”, cuya presencia se mantiene sin freno.
Para muchos, el fallecimiento de Jimena simboliza el colapso de un proyecto que en su inicio prometió modernizar el transporte. Hoy, en cambio, el RUTA es visto por estudiantes y trabajadores como una amenaza cotidiana.
“El sistema dejó de ser una opción segura; ahora significa arriesgar la vida”, expresan algunos mensajes que circulan en grupos vecinales, donde la exigencia es clara: un transporte seguro o la movilización permanente de la ciudadanía.
